domingo, 30 de octubre de 2022

Sanando la mente con "Niveles de la mente" de David Hoffmeister

 NIVELES DE LA MENTE

El Curso de Milagros nos lleva a comprender que no hay nada erróneo en lo que percibimos que está aconteciendo en nuestra vida o en lo que estemos experimentando.  Si experimentamos que existe un problema, este es únicamente un problema perceptual debido a  la manera en cómo lo estamos mirando.  Cuando se dice en la lección  281, ”Nada excepto mis  propios pensamientos pueden dañarme”, Jesús nos señala que nada externo a nuestra mente puede herirnos o hacernos daño en modo alguno. 


La mente utiliza todo lo que percibimos para distraernos  y así no profundizar para mirar realmente donde se encuentran los obstáculos que no nos permiten abrirnos a la Luz que somos.  Así nos pasamos la vida proyectando toda la culpa inconsciente fuera y percibiendo un mundo que en cualquier momento puede atacar nuestra vulnerabilidad, convirtiéndonos así en víctimas de un sinfín de posibles ataques y desgracias, como la enfermedad, el abandono, la soledad, etc. El ego hizo el cuerpo y el cosmos para mantener a la mente dormida, soñando y culpable. Y así es hasta que no comenzamos a perdonar y despertamos de este sueño para ver que todo lo que percibimos son ilusiones y no es lo real. 


La proyección da lugar a la percepción. El mundo que ves se compone de aquello con lo que tú lo dotaste. Nada más. Pero si bien no es nada más, tampoco es menos. Por lo tanto, es importante para ti. Es el testimonio de tu estado mental, la imagen externa de una condición interna. Tal como el hombre piense, así percibirá. No trates, por lo tanto, de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar de mentalidad acerca de él. La percepción es un resultado, no una causa.    (T.21.introd.1.1-8)


Pero la buena noticia que nos trae el Curso es que “No somos víctimas del mundo que vemos”, como dice la lección 31.  Pero para ello va a ser necesario un entrenamiento mental exhaustivo que revierta la manera de pensar errónea y nos ayude a percibir las cosas de otra manera. 


Para acompañarnos en este proceso de clarificación, Niveles de la Mente es una herramienta canalizada por David Hoffmeister que nos ayuda a comprender en profundidad lo que está ocurriendo en el nivel que está más allá de la percepción.


Lo que solemos pensar en general es que lo que percibimos, es lo que da lugar a las emociones, pensamientos, etc.  Por ejemplo, si percibimos que alguien nos insulta, deducimos que es esa experiencia la que nos hace sentir enojados.


Pero esta herramienta, va a invertir nuestra manera de pensar “lógica” y lo que nos demuestra es que es completamente al revés.  Es decir,  en lugar de ir de la capa externa a la interna, pensando que la causa está en el nivel de la percepción,  vamos a comprender que la causa está en el centro, que es donde reside el deseo de nuestro corazón, y que esta va a determinar lo que creemos, pensamos, sentimos y percibimos.


Vamos a explicarlo en detalle:


Niveles de la mente es un mapa mental que divide a la mente en 5 niveles y que puedes ver dibujados como círculos concéntricos. 


  1. PERCEPCIÓN:  incluye todo aquello que percibimos y nos informan los 5 sentidos. El mundo, cuerpo, etc. Cuando contemplamos con el Espíritu contemplamos el mundo real.


  1. EMOCIONES: determinan las percepciones.  Tristeza, ira, envidia,… serían inspirados por el ego.  La Paz, alegría, felicidad, serían inspiradas por el Espíritu. 


  1. PENSAMIENTOS:  determinan las emociones.  Son ideas o imágenes que pasan por la mente incesantemente en cada momento. Hay pensamientos egoicos que son los que nos separan de la paz, o aquellos inspirados por el Espíritu Santo que no generan conflicto alguno.


  1. CREENCIAS: son el fundamento de nuestros pensamientos.  Son conceptos que emiten una opinión o juicio sobre mí mismo, otras personas, la sociedad o el mundo y son más englobadoras que los pensamientos. Por ejemplo: “nadie me quiere”, “no soy merecedora de la felicidad”, “soy un cuerpo que puede enfermar”…  Todas las creencias están basadas en el ego, excepto una: el perdón.


  1. DESEO:  es el que determina las creencias y es el punto central y donde se origina después todo lo que pensamos, sentimos y percibimos. El deseo que albergamos en el núcleo de nuestro nuestro ser dicta nuestras experiencias en la superficie de la conciencia.



No existe ningún mundo aparte de lo que deseas, y en esto radica en ultima instancia tu liberación.  (L.132.5:1)


Es imposible que me pase algo sin yo mismo haberlo pedido. Aun en este mundo, soy yo el que rige mi destino. Lo que sucede es lo que deseo. Lo que no ocurre es lo que no deseo que suceda. Tengo que aceptar esto. Pues de esta manera se me conduce más allá de este mundo a mis creaciones -las criaturas de mi voluntad, las cuales moran en el Cielo junto con mi santo Ser y con Aquel que me creó. (L.253)



A veces entender esto a un nivel profundo es muy complicado, porque nadie cree que si se ha enfermado, o se ha muerto un hijo, por ejemplo, es algo que  uno haya pedido conscientemente.   Pero en todo momento en Un Curso de Milagros se nos exhorta a responsabilizarnos de lo que nuestra mente está creando ya sea a nivel de la forma, de lo que pensamos o sentimos.  Esto de alguna manera, nos conecta con el poder de nuestra mente para poder elegir la manera de percibir lo que sucede, pero para ello hemos de ir muy profundo, al núcleo mismo donde se encuentra nuestro poder de decidir si elegimos al Espíritu Santo o al ego.   Y es ahí donde reside el fundamento de lo que vamos a pensar, sentir y percibir.  Si nuestro deseo es estar alineados con el ego, lo que dará lugar a es a sentirnos separados y al sufrimiento. Estaremos constantemente apegados a la forma intentado cambiar o conseguir algo en  ella.  Pero si el deseo de nuestro corazón está unificado y es alinearnos con el Espíritu Santo, con la mentalidad recta, percibiremos un mundo perdonando y habrá paz y armonía.


No es fácil darse cuenta de que las oraciones que piden cosas, posición social, amor humano, “regalos” externos de alguna clase, se realizan siempre para establecer carceleros y esconderse de la culpa. Estas cosas se usan como metas para sustituir a Dios, y por lo tanto distorsionan el propósito de la oración. Desearlas es orar por ellas.  Uno no necesita pedir explícitamente. La meta de alcanzar a Dios se pierde de vista cuando se va en pos de metas menores de cualquier clase, y la oración se convierte en una petición de enemigos. El poder de la oración puede ser reconocido con gran claridad incluso en esto. Nadie que desee un enemigo dejará de encontrarlo. Pero con igual seguridad perderá la única meta real que se le ofrece. Piensa en el costo que ello supone, y compréndelo bien. Todas las demás metas son a costa de Dios. (O-1.III.6)


En resumen,  la sanación o iluminación es una cuestión de deseo.  Si la oración de tu corazón es experimentar el amor y la luz, entonces los símbolos o los medios para conseguirlos pueden serte dados, o llevados a ti, con mucha rapidez. Solo se nos pide estar dispuestos, la pequeña dosis de voluntad, para cuestionar todas las creencias egoicas que ocultan la verdad, y con ayuda del Espiritu Santo perdonarlas. 


Para ir hacia tu interior para sanar, en donde tu oración es pura, debes comenzar con la percepción y retroceder a través de las capas hasta llegar al centro. Es un viaje hacia el interior de tu consciencia para descubrir la verdad. Este es el propósito del Espíritu Santo: traerte de vuelta hacia adentro, a tu hogar, a la Fuente, a Dios,  paso a paso.



El ego nunca querrá que aprendas esto. Quiere hacerte creer que la causa se encuentra en el nivel de la percepción,  pero lo que necesitas es comprender lo que yace debajo del nivel de la percepción. Tan pronto aprendas cómo es el funcionamiento de la mente tendrás las herramientas para des-hacer al ego completamente.



La verdad se restituye en ti al tú desearla, tal como la perdiste al desear otra cosa”.(T.20.VIII.1.2)


Recordarás todo en el instante en que lo desees de todo corazón, pues si desear de todo corazón es crear, tu voluntad habrá dispuesto el fin de la separación, y simultáneamente le habrás devuelto tu mente a tu Creador y a tus creaciones.” (T.10.I.4.1)


Tú eres mi meta, Padre mío. ¿Qué otra cosa aparte de Ti podría desear? ¿Qué otro camino iba a desear recorrer sino el que conduce a Ti? ¿Y qué otra cosa sino Tu recuerdo podría significar para mí el final de los sueños y de las sustituciones fútiles de la verdad? Tú eres mi única meta.”  (E-287.2).